Para mí un oráculo es mucho más que un mazo de cartas. Es un aliado, una herramienta que siempre está disponible para acompañarnos cuando necesitamos una mirada diferente. Nos ayuda a poner en palabras lo que que quizás ya sabíamos, pero todavía no podíamos ver con claridad. 

En casa tengo una colección enorme de oráculos y disfruto mucho de cada uno. Creo que todos tienen una esencia propia, una energía diferente y una manera única de transmitir sus mensajes. 

Usar un oráculo también es una forma de conectar con algo más grande que nosotros. Llámese Dios, energía cósmica, o simplemente nuestra intuición. El nombre es lo de menos, lo importante es que nos da un momento para hacer una pausa, ir hacia adentro y volver a conectar con nosotros.

Los oráculos generan espacios de encuentro. Nos invitan a reflexionar con nosotros mismos, pero también pueden abrir conversaciones muy profundas cuando los compartimos con otras personas. 

Una de las cosas que más me gusta es que no existe una única forma de usarlos. Podés sacar una carta mientras tomás unos mates a la mañana, antes de irte a dormir, antes de una decisión importante, en una reunión con amigos, en una sesión terapéutica, durante una práctica de yoga o simplemente cuando sentís la necesidad de detenerte unos minutos.